La trampa del estándar alto: cuando la exigencia se vuelve contra quien la sostiene

Hay una diferencia entre tener estándares altos y no poder funcionar sin ellos. La primera es una ventaja competitiva. La segunda es una fuente de desgaste que se disfraza de fortaleza durante mucho tiempo.

Qué dice la investigación sobre el perfeccionismo

Paul Hewitt y Gordon Flett, investigadores canadienses que llevan más de tres décadas estudiando el perfeccionismo, distinguen entre dos orientaciones fundamentalmente distintas. El perfeccionismo adaptativo, que establece estándares elevados pero puede tolerar el error y ajustar expectativas según el contexto; y el perfeccionismo desadaptativo, que establece estándares igualmente altos pero los acompaña de una respuesta de autocrítica intensa ante cualquier desviación.

La diferencia no está en el nivel del estándar. Está en lo que ocurre cuando ese estándar no se alcanza.

Las personas con perfeccionismo desadaptativo no se exigen más para crecer. Se exigen más para evitar una amenaza. El motor no es la ambición sino el miedo: al error, al juicio ajeno, a la pérdida de control, a demostrar que no son suficientes. Y ese motor tiene un coste biológico y psicológico muy documentado: mayor activación del eje del estrés, menor capacidad de recuperación, mayor riesgo de burnout.

Por qué se parece tanto a la virtud

La sobreexigencia es especialmente difícil de cuestionar porque produce resultados en el corto plazo. Quien se exige más suele entregar más. Cumple. No decepciona. Eso genera un refuerzo continuo que hace muy difícil ver el coste que hay detrás.

Además, en muchos entornos profesionales, el nivel de exigencia se confunde directamente con el nivel de compromiso. Quien pide margen, quien se permite lo «suficientemente bueno», quien no está disponible fuera de horario, es leído como menos comprometido. Eso crea un sistema en el que la sobreexigencia no solo se tolera: se premia.

El resultado es que muchas personas llegan a procesos de coaching o a consulta psicológica sin saber que lo que está fallando es precisamente aquello que creyeron que las protegía.

El coste que no aparece en el balance

La sobreexigencia sostenida tiene consecuencias que no siempre son visibles en el rendimiento inmediato pero que se acumulan con el tiempo: deterioro de la capacidad de disfrutar el proceso, dificultad para delegar, relaciones afectadas por los mismos estándares que se aplican a uno mismo, y una forma de fatiga que no responde al descanso porque tiene una base cognitiva, no solo física.

Hay también un coste sobre la creatividad y la toma de decisiones. El perfeccionismo desadaptativo estrecha el campo de acción: el miedo al error lleva a elegir lo conocido, lo seguro, lo que ya ha funcionado. Eso no es excelencia. Es gestión del riesgo emocional.

Lo que el coaching trabaja aquí

En un proceso de coaching, la sobreexigencia raramente se aborda de frente. No se trata de convencer a nadie de que baje sus estándares —eso generaría resistencia, además de ser una simplificación del problema.

Se trata de explorar la función que cumple esa exigencia. ¿Qué está protegiendo? ¿Qué cree la persona que ocurriría si aflojara? ¿Desde cuándo opera esa ecuación entre estándar máximo y sensación de seguridad?

Cuando esas preguntas se pueden sostener sin respuesta inmediata —cuando hay espacio para la incomodidad que generan— algo empieza a moverse. No porque el estándar baje, sino porque la persona empieza a tener una relación más consciente con él. A elegirlo, en lugar de obedecerlo.

Esa diferencia —entre el estándar como elección y el estándar como compulsión— es la que determina si la exigencia te lleva a donde quieres ir o te deja atrapada en el mismo punto de partida.

La excelencia real requiere saber cuándo aflojar. La sobreexigencia no puede permitírselo.

Referencias: Hewitt, P.L. & Flett, G.L. (1991). Perfectionism in the self and social contexts. Journal of Personality and Social Psychology, 60(3). Curran, T. & Hill, A.P. (2019). Perfectionism is increasing over time. Psychological Bulletin, 145(4). Maslach, C. & Leiter, M.P. (2016). Burnout. Academic Press.

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